Viernes 30 de  del 2010
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Durante el siglo XIX la progresiva y creciente explotación económica del territorio comprendido en el actual El Ejido propició el asentamiento de población estable en el "Campo", que aumenta, sobre todo, a finales de la centuria, en detrimento de la residente en Dalías.

La necesidad de intensificar la producción agrícola choca con la aridez que caracteriza al medio físico. Numerosos son los proyectos de captación y trasvase de aguas que fracasan antes de que en 1894 se alcance el primer éxito con la galería de Fuente Nueva, que pronto se canaliza hacia las tierras de El Ejido. Tres décadas después nuevas aguas llegan a traves del Canal de San Fernando. Al mismo tiempo, el uso de la energía eléctrica propiciaba la apertura de nuevos pozos.

El espectacular aumento de la superficie regable en el "Campo" impulsa el crecimiento del cultivo del parral de forma que a mediados de este siglo ya destacaba como principal cultivo de El Ejido. El éxito de la llamada "uva de barco" o "uva de Ohanes", por ser ésta la variedad más cultivada, cimentaba en su resistencia al transporte largo y a la ausencia de competencia por parte de otras zonas productoras de uva, factores ambos que le abrieron las puertas al comercio internacional.

El productor pronto se vio desbordado por la escala de las operaciones y hubo que generar estructuras de comercialización, casas consignatarias dedicadas al transporte, cooperativas e incluso enviar representantes de las casas uveras al extranjero para garantizar y gestionar la venta de los productos. Con todo, la demanda internacional de uva de mesa sufrió notables fluctuaciones a lo largo del siglo: la óptima acogida inicial se vio alterada por la Primera Guerra Mundial; el crack de 1929 clausuró el mercado norteamericano; la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial tuvieron desastrosas consecuencias para el comercio. En los años cincuenta se recuperan e incluso amplían los mercados y las plantaciones de parral se intensifican en El Ejido, llegando a ocupar una superficie de 1.400 hectáreas, con una producción superios a los cuarenta millones de kilos de uva.

El declive definitivo comienza a mediados de la década de los sesenta, para ausentarse prácticamente de nuestro paisaje a finales de los setenta. La desaparición del parral no hirió sensiblemente la economía de El Ejido. Desde principios de los sesenta se había impulsado el uso de los enarenados para aumentar la producción de hortalizas. Esta práctica , consistente en cubrir las parcelas, una vez labradas y estercoladas, con una capa de arena, permitió una mayor precocidad en los cultivos, y aumentó el rendimiento y la calidad del producto, que además precisaba menor cantidad de agua para prosperar; el sistema, sin embargo, no evitaba la acción perjudicial del viento. Tras varios ensayos que pretendían eludir este problema cubrieron los cultivos con plástico, el más exitoso de ellos fue el invernadero, cuya estructura ses inspira en la del parral y su superficie de cultivo en el enarenado.

El primero, aún con carácter experimental, se construyó en 1963; aunque su práctica en El Ejido no se generaliza hasta la década de los setenta. El invernadero aumenta la temperatura y humedad del espacio interior, evita la agresión del viento y la evaporación del agua, lo cual favorece el rendimiento de la cosecha y su obtención fuera de temporada, factor éste de gran importancia para su competitividad en los mercados internacionales. En 2004 son mas de 14.000 hectáreas invernadas en El Ejido. La espectacular producción hortícola bajo invernadero impulsa permanentemente la investigación en estructuras, cubiertas, y en nuevas técnicas y prácticas culturales; justifica, además, la presencia de un importante tejido empresarial destinado a la comercialización de los productos y el desarollo de una industria complementaria.

El comportamiento demográfico y económico de este siglo transcurro por vías paralelas: los diferentes núcleos de población (El Ejido, Santa María del Águila, Las Norias, San Agustín, Guardias Viejas y Balerma) ven notablemente incrementado su número de residentes desde la década de los cincuenta. Desde entonces, la inmigración y el elevado crecimiento vegetativo han propiciado un fuerte aumento de la población. Cuando en 1982 acontece la segregación de Dalías y El Ejido adquiere entidad administrativa independiente, no se produce sino el reconocimiento administrativo de una realidad histórica.

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